5 rutas veraniegas para recorrer la comarca de la Axarquía

183

La comarca más oriental de la provincia es uno de los destinos más completos para quienes quieren tener un verano diferente y lleno de experiencias. Cultura, gastronomía, paisaje y, por supuesto, mucho Mediterráneo espera a los visitantes ávidos de vivencias para los cinco sentidos. Recorrer su litoral más abrupto o conocer sus torres y castillos que servían antaño para vigilar el Mediterráneo son las opciones más evidentes, pero hay más. En una comarca compuesto por más de una treintena de municipios, con una gran variedad orográfica y cultural, las posibilidades pueden ser infinitas. Éstas son sólo cinco ideas para disfrutar de la Axarquía en verano.

1. Torres vigías

Desde la localidad axárquica de Rincón de la Victoria, pueblo considerado como la Puerta de la Axarquía, hasta Maro, que hace frontera con la provincia granadina, se puede realizar un interesante itinerario turístico en el que se combina el patrimonio arquitectónico de estas atalayas con otros encantos del litoral de la comarca. 

Casi una veintena de torres vigías marcan esta ruta a modo de hitos, convirtiéndose en guías impertérritas que, a su vez, también recuerdan la importancia estratégica que tuvo este enclave durante la época andalusí y la posterior Reconquista. Gran parte de estas atalayas se mantienen desde la etapa musulmana, pero otras fueron restauradas o construidas bajo el mandato de los Reyes Católicos por la amenaza constante de los piratas en esta zona del litoral malagueño. Este itinerario eminentemente costero permite conocer el rico patrimonio arquitectónico de carácter defensivo que tuvo la costa de la Axarquía.  

2. Acantilados de Maro 

La Axarquía más abrupta tiene siempre un hueco para disfrutar del verano. En el paraje natural de los Acantilados de Maro, aguardan escarpados y ásperos cantales que contrastan con apacibles calas. Desde el Balcón de Europa hasta Cerro Gordo, ya en territorio de Almuñécar (Granada) hay un trepidante recorrido para los que buscan un verano diferente sin renunciar al Mediterráneo. Aguas cristalinas donde ver la fauna y flora submarina, unas vistas espectaculares y más tranquilidad que en otras playas andaluzas son algunas de las recompensas que otorga este espacio protegido marítimo terrestre para quienes se adentran en él a través de uno de los tramos más sinuosos de la antigua N-340. 

3. Falda de Sierra Tejeda

El mar no tiene que ser necesariamente el único protagonista de un verano en la Axarquía. Lo saben bien quienes se buscan un refugio estival en los pueblos situados en la ladera sur de Sierra Tejeda. A los pies de la Maroma, con una vista privilegiada del Mar Mediterráneo en lontananza, hay varios pueblos que son idóneos para disfrutar de los meses más calurosos del año, ya sea por servir como campamento base para distintas excursiones por el entorno o para disfrutar de las frescas veladas de estos pueblos. 

Canillas de Aceituno y Sedella son los dos municipios que mejor están situados para disfrutar del fondo azul del mar, mientras que Alcaucín queda más al noroeste. En cualquier caso, en conjunto forma una trilogía espectacular y llena de adrenalina. Subir a La Maroma bajo la luna llena, pasar una jornada bajo la sombra de los pinos en el área recreativa del Alcázar o cruzar el vertiginoso puente colgante del Saltillo son algunas de las experiencias ineludibles en este territorio.

4. Mudéjar

Desde la costa al interior, la Axarquía también ofrece buenas dosis de legado histórico. En concreto, el pasado andalusí se convierte protagonista en la conocida como Ruta Mudéjar de la Axarquía. Cuatro alminares construidos entre los siglos XII y XV son los hitos más visibles de este recorrido por el corazón de la Axarquía. Desde la localidad de Arenas, muy próxima a la ciudad de Vélez, parte un itinerario histórico, de carreteras sinuosas que permite al viajero sumergirse en los últimos años de la presencia islámica en la Península Ibérica. 

Además de las torres campanarios que antaño fueron minaretes hay otros elementos de interés tanto histórico como artístico. Es el caso de la fuente árabe de Daimalos o las casas torreón que aún se mantienen en los cascos urbanos de pueblos como Salares y Sedella. Además, algunas de estas localidades mantienen una fisionomía que enlaza directamente con los trazados urbanos de aquella época. Este recorrido temático incluye a las pedanías de Daimalos (Arenas) y Corumbela (Sayalonga) y a los pueblos de Salares, Sedella, Canillas de Aceituno y Árchez, todos ellos situados en el interior de la comarca de la Axarquía. 

5. La pasa moscatel

Tras su declaración como Patrimonio Agrícola Mundial, la pasa moscatel vuelve a reivindicarse como referente gastronómico en la Axarquía, donde hace años se instauró una ruta temática en torno a esta delicatesen tradicional. Este itinerario turístico, lógicamente, está vertebrado por el cultivo de la uva moscatel, que condiciona el paisaje rural de la comarca, situada en las estribaciones de los Montes de Málaga y con unas vistas privilegiadas y excepcionales del Mar Mediterráneo. 

Las escarpadas laderas donde se asientan los viñedos son uno de los atractivos de este recorrido en cualquier época del año, desde que se realizan las podas hasta que llega la vendimia. Lagares y paseros forman también parte de ese insólito paisaje vitivinícola. Con la omnipresente mirada del pico de La Maroma y sin perder de vista el mar, esta zona de la Axarquía lleva siglos vinculada a la producción de pasas y vinos dulces, tal y como se puede apreciar a lo largo de esta escapada. Pero, este itinerario no sólo está impregnado del cultivo de la vid moscatel. También están muy presente distintas tradiciones agrícolas, ya sea en el paisaje de colinas y cerros que acompaña durante todo el viaje o ya sea en distintos museos en los que se rinde tributo a las duras labores desarrolladas durante siglos en este territorio. 

Actualmente, forman parte de este recorrido temático los pueblos que están más vinculados históricamente a la pasa moscatel en la comarca, como son Moclinejo, Almáchar y El Borge. A ellos hay que añadir el núcleo rinconero de Benagalbón e incluso el pueblo de Cútar.