Enrique López: “Lo más bonito del mundo del vino son las historias de sus protagonistas”

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Si ha hecho el Camino de Santiago, sabrá que uno de sus símbolos más internacionales es la flecha amarilla pintada a brocha, una señal que va guiando al peregrino hasta su destino. También en la vida de Enrique López han ido surgiendo flechas amarillas que le han ido llevando por una dirección que no estaba marcada en su viaje. Licenciado en Economía, en los años de la crisis de 2008 perdió su empleo y decidió hacer un curso de Sumiller por pura curiosidad. El mundo del vino le abrió sus puertas y tras trabajar en distintas empresas, lo dejó todo para trasladarse de Málaga a Valladolid a vivir con su actual pareja. Se llevó en la mochila su primer proyecto, El Cavino, al que le han seguido muchos otros, como el libro que acaba de publicar, ‘Memorias de un submiller’.

La primera pregunta es inevitable. ¿Qué es un submiller?

Pues es un sumiller muy torpe pero que tiene mucho tesón y muchas ganas de mejorar y pone mucho esfuerzo en ponerse al nivel partiendo de tan bajo. 

¿Cuál es la historia de Ernesto Luque, el protagonista del libro?

El libro empieza donde termina, el primer y el último capítulo son el mismo instante. A partir del primer capítulo, Ernesto Luque hace un recorrido por su experiencia vital, desde que le ocurre una desgracia y pierde el trabajo hasta que consigue su objetivo con mucho esfuerzo. Es una historia de superación y de madurez de una persona un poco altiva, debido al éxito obtenido anteriormente, a la que la vida pone en su sitio de un golpetazo y tiene que partir de cero.

¿Cómo surgió el personaje? ¿Es un libro autobiográfico?

Yo siempre diré que es una historia de ficción. Aquellos que me conocen y han leído el libro se ríen de esta afirmación porque dicen que soy yo en estado puro, pero yo lo negaré siempre. El libro lo he escrito yo y evidentemente tiene un poco de mí, hay algunas experiencias propias, pero en general es un libro de ficción. 

¿A quién va dirigido ‘Memorias de un submiller’?

Es un libro que le va a gustar mucho a la gente que entiende de vinos y también le va a gustar muchísimo a los que no entienden de vinos. Aunque todo gira en torno al vino, es una historia de humor y de amor, es una historia de la vida. 

¿Las aventuras y desventuras de Ernesto Luque pueden tener continuidad en un futuro?

Sí, tengo en desarrollo una segunda parte y ya estoy tomando notas y buscando localizaciones. Me hace mucha ilusión embarcarme en la continuidad de este libro porque la historia que tengo en la cabeza me parece que tiene mucho juego. 

Salió a la venta a finales de junio, ¿cómo está funcionando?

Estoy muy contento. Yo quería que fuera un libro de verano y lo está siendo, aunque es muy difícil abrirte paso en este mundillo. Lo que más me satisface es que la gente que lo ha leído lo ha disfrutado mucho. Yo bromeo con que va a ser el libro más vendido de España en 2021. No lo va a ser, ni tampoco estará entre los más vendidos, pero si la gente que lo lee, lo disfruta, pues misión cumplida. 

No es el primer libro que escribes, anteriormente publicaste ‘Te cuento un vino’. ¿Cómo surgió?

Pues como me surgen a mí las cosas. Yo voy por la calle y voy maquinando, mi cabeza no puede parar. Estaba dando un paseo por la playa e iba pensando en una visita que había hecho a una bodega y lo bonita que era la historia que me había contado el bodeguero. La fui relacionando con otras que ya había escuchado y pensé que alguien tendría que recopilarlas en un libro, así que me puse a ello. Creo que una de las cosas más bonitas del mundo del vino son las historias personales y en ‘Te cuento un vino’ hablo de anécdotas y de rarezas, del lado humano del vino. Tuve la suerte de que me dieran el premio al mejor libro de vinos de España en 2015, el Gourmand Cookbook, lo que me permitió sacar una segunda edición.

Observando tu trayectoria, has convertido en negocio tus experiencias de vida…

Así ha sido. Yo en el libro hablo muchas veces de la providencia, el protagonista está muy agradecido a la vida, porque está teniendo encuentros o golpes de suerte que le van guiando, incluso tiene una experiencia en el Camino de Santiago, que fue una experiencia propia, y habla de las flechas amarillas de esta ruta peregrina. En mi vida y en la vida de Ernesto Luque han ido surgiendo flechitas amarillas que nos han ido llevando hasta donde hemos llegado.

¿Y es en esa experiencia en el Camino de Santiago de donde surge El Cavino?

Me embarqué en este proyecto por una historia de amor, porque después de 20 años me reencontré con la que actualmente es mi mujer, nos enamoramos, dejé mi trabajo y me fui a vivir con ella a Valladolid. Yo tenía en la cabeza poner en marcha El Cavino y nos asociamos para sacarlo adelante. Fue muy difícil arrancar la empresa y cuando empezaba a funcionar llegó la pandemia, aunque logramos sacar adelante nueve cavinos, y este año llegaremos a los 18 e incluso tenemos lista de espera. Hemos conseguido crear un producto único con una respuesta estupenda. Muchas de las personas que lo han realizado dicen que es el viaje de su vida y eso es algo que, desde la humildad, nos enorgullece. 

¿En qué consiste?

Es una experiencia de enoturismo en el Camino de Santiago. No somos peregrinos, no nos dan la Compostela, pero sí que hacemos etapas sueltas y no consecutivas del Camino de Santiago real en zonas que tienen denominación de origen de vino. Empezamos en La Rioja y llegamos a Santiago atravesando Ribera del Duero, Toro, Bierzo y Ribeira Sacra. Es un viaje de una semana, por la mañana hacemos una etapa andando sin grandes dificultades y después visitamos una bodega y partimos hacia la siguiente ciudad. Es un viaje que reúne muchas cosas, naturaleza, vino, gastronomía…

Y después de hacer El Cavino, ¿a dónde vamos?

Pues esa era la pregunta que nos hacían y por eso pusimos en marcha Winy Fog, para vivir experiencias de enoturismo durante el invierno por distintos puntos de España. Tenemos unos viajes muy divertidos que se llaman `Cabalcata a ciegas´ en los que recogemos a los participantes en Madrid un lunes y los dejamos el domingo en el mismo sitio y no saben dónde van a dormir ni que van a visitar.

También te atreves con la producción de vino ¿Quién dijo miedo?

Cero Puntos Parker fue un capricho. El año pasado vendimos las 3.000 botellas que sacamos y este año acaba de salir la segunda añada. El espíritu de Cero Puntos Parker no es nada polémico, aunque por el nombre pueda parecerlo, es una lucha contra la corriente del ‘a mí me gusta mucho el vino, pero no lo bebo porque no entiendo’. ¿Qué tienes que entender para disfrutar de algo que te gusta? Ahora estamos a punto de sacar ‘Enamorado de la luna’, que es un vino de Toro. 

¿Te queda tiempo para pensar en nuevos proyectos?

Sí, en varios. Si todo va bien, publicaré pronto ‘Te cuento otro vino’, que es la segunda parte del anterior, y como ya dije al principio, tengo en mente otro libro con las historias de Ernesto Luque. Además, estoy inmerso en un proyecto que me ilusiona mucho y en el que llevo trabajando un año y medio. Se trata de una consultoría global de bodegas y en el que comenzaremos con una inmobiliaria para poner en contacto a personas interesadas en la compraventa de este tipo de instalaciones.