Es tiempo de castañas

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El cambio de clima, la caída de las hojas y la disminución de la luz natural marcan la llegada del otoño, una estación en la que los bosques se tiñen de tonos marrones, amarillos y cobrizos y en la que comienza la recolección de castañas. 

La llegada de este fruto seco a la Península Ibérica hay que agradecérsela a los romanos, ya que su afición por las castañas les llevó a extender el ‘árbol del pan’, como lo denominaban, por todo el Imperio. Y es que el fruto del castaño tenía un papel esencial en la alimentación de las centurias.

Antes del descubrimiento de América y de la llegada a Europa del maíz y la patata, la castaña, junto al trigo, era la base de la alimentación de la población europea. Así, en épocas de hambre, producían harina con este fruto para elaborar pan. 

La variedad de castaña que se consume habitualmente es la común o europea, si bien existen otros tres tipos: la china, la japonesa y la americana, cuya composición es muy similar, diferenciándose sobre todo en la proporción de hidratos de carbono y en su dulzor, más intenso en la variedad china.

A pesar de ser un fruto seco, la composición de las castañas se asemeja más a la

de los cereales. Las castañas son ricas en hidratos de carbono complejos, que ocupan casi la mitad de su composición y que son una fuente importante de energía en nuestra dieta. Además, nuestro organismo los absorbe lentamente de

manera que los niveles de azúcares se mantienen equilibrados disminuyendo la sensación de hambre durante más tiempo.

La castaña es uno de los frutos secos de menor aportación calórica, ya que tiene menos cantidad de grasa y su contenido en agua es cercano al 50 por ciento. En cuanto a los minerales, las castañas destacan en fósforo y, con menor cantidad, en potasio y magnesio. Los contenidos en vitaminas no son muy significativos, siendo más altos para las vitaminas del grupo B y algo más bajos para la vitamina E.

Un aspecto a tener en cuenta es que las castañas crudas son ricas en taninos, por lo que comerlas en este estado puede producir molestias intestinales. En este sentido, es recomendable que, una vez recogidas, se almacenen durante una semana para que disminuyan los contenidos en taninos y el almidón se transforme en azúcares más asimilables. En cualquier caso, antes de comer castañas crudas hay que eliminar la piel marrón que hay inmediatamente después de la corteza.

Gracias a estas propiedades nutricionales, las castañas ayudan a controlar la hipertensión y a combatir los problemas de riñón y la anemia. Además, como contienen mucha fibra, están indicadas para personas que sufren de estreñimiento. Para los deportistas es una buena fuente de energía antes de comenzar la actividad.

Cocina

Las castañas son un alimento muy saludable que, además, ofrece múltiples posibilidades culinarias. El sabor algo áspero de las castañas crudas, se convierte en dulce cuando se cuecen o se asan, combinando muy bien con legumbres, hortalizas y setas. También funcionan en caldos y rellenos de carne, y puede sustituir a la patata en los purés para acompañar platos de caza y aves, ya que realza el sabor de la carne.

Este fruto seco es muy utilizado en repostería para elaborar tartas y los refinados marron glacé, que es el resultado del confitado de la castaña con una mezcla de azúcar y vainilla. Asimismo, se pueden encontrar diferentes productos elaborados con este fruto, como castañas en almíbar, crema de castañas al licor o mermelada de castaña.

Producción

Andalucía se sitúa como la cuarta región de España productora de este fruto, cuya producción se extiende sobre una superficie de unas 12.800 hectáreas de las que se extraen 5.200 toneladas.

La provincia de Málaga es la principal productora, ocupando el 44 por ciento de la superficie dedicada a la castaña en Andalucía, concretamente en los núcleos de la Serranía de Ronda y Valle del Genal. Le sigue de cerca la Sierra de Aracena de Huelva con el 40 por ciento. El resto de la superficie se reparte entre Sierra Nevada (Granada y Almería), Sierra Norte de Sevilla y Córdoba.

En la provincia de Málaga hay unas 4.000 hectáreas de castaños. El Valle del Genal, principal productor del territorio malagueño, ya ha arrancado la cosecha recogiendo las variedades extra tempranas y tempranas, a la que sigue la recolección de la pilonga, que es la variedad más popular y una de las mejores del mundo por su sabor y su tamaño. De la castaña pilonga se esperan obtener 2,5 millones de kilos. Será una campaña media, ya que el reciente incendio de Sierra Bermeja y el Valle del Genal, calcinó unas 160 hectáreas de castaños.

En toda la provincia malagueña se pueden encontrar durante el otoño los típicos puestos de castañas asadas, pero también son muchos los municipios en los que se organizan fiestas para ensalzar este producto. Se trata de los tradicionales ‘tostones’, que es la forma en la que siempre se ha asado la castaña en localidades serranas como Yunquera, Pujerra, Ojén o Tolox.