Las almazaras malagueñas se encuentran a pleno rendimiento

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“Aprecio que se hace de algo por el cuidado que se tiene con ello”. Así explica el diccionario de la Real Academia Española la expresión ‘como oro en paño’. Así podríamos definir el cuidado con el que el campo malagueño recolecta las aceitunas cada año.

Esta temporada se valoran especialmente. Los olivareros han hecho del parte meteorológico su programa favorito de televisión. Con la mirada puesta en el cielo, día tras día esperan que rompa a llover pero el ‘azul’ parece estar más feliz que nunca y no muestra atisbo alguno de lágrimas.

aceite
Málaga vive con intensidad su campaña de aceite.

La melancolía sí parece haberse agarrado con fuerza al corazón de Jesús Cano Briones, de Aceites Monttosa. Esta almazara familiar ha sido testigo de muchísimas campañas, unas mejores y otras peores. Desde 1920 que se fundó, con la cuarta generación ahora al frente de la misma. Está en Vélez-Málaga y ya estafen plena faena. “Las previsiones son nefastas, apenas si hay aceitunas en la comarca. Nosotros apenas llegaremos a los 200.000 kilos”, explica Jesús.

La cantidad se verá resentida pero lo excepcional del oro líquido de Monttosa no, eso seguro. De sus instalaciones sale un aceite de oliva virgen extra de calidad superior que obtienen mediante procedimientos mecánicos a baja temperatura, conocidos como ‘prensado’ o ‘extraído en frío’.

La situación que apunta Jesús Cano es una realidad de las plantaciones de la provincia. Asaja Málaga prevé una producción de aceite de oliva un 29 por ciento menor que el año pasado, con 50.900 toneladas. Esto contrasta con el conjunto de Andalucía, donde el descenso será solo de un 0,8 por ciento y la cosecha será similar a la de 2015. El presidente de la asociación, Baldomero Bellido, considera que “con estas cantidades los precios deberán mantenerse estables” –la última referencia estaba en en torno a 50 céntimos el kilo. “Una buena cosecha es siempre una buena noticia” –ha dicho–, aunque obviamente lamenta que esto no vaya a darse en la campiña malagueña, que presenta la mayor bajada de toda Andalucía.

A los alrededor de 22.000 olivareros de la provincia sólo les queda hacer el trabajo lo mejor posible para seguir manteniendo este producto entre los mejores y apostar por nuevas fórmulas para comercializar su ‘oro líquido’. Esta es la apuesta de empresas como Molisur. Esta almazara ecológica tiene apenas 13 años y fabrica aceite virgen extra, envasando y distribuyendo sus propias botellas. Llevan ya dos meses de campaña para darle salida en 2017 al que será su primer ‘Alta Gama’. “Empezamos la recolección en la primera quincena de septiembre. Este aceite tan especial vamos a crearlo con aceitunas que se han recogido antes de que maduren. El rendimiento del olivar es menor, pero seguro va a reconocerse el resultado”, apunta Adrián Tirado, que está al frente de Molisur.

La ilusión de Tirado por este estreno en el mundo de los ‘Premium’ contrasta con su pesar por la escasez de lluvias y cómo esta afecta a las cosechas. “Es un ejercicio muy duro. De los últimos ocho o diez años es el que menos aceitunas hay por el Valle del Guadalhorce”, comenta a AGRO. Molisur no sólo se dedica a comercializar sus propios elaborados. Tienen un molino de aceite que funciona las 24 horas y que cuenta con alrededor de 5.000 clientes. En su mayoría son pequeños agricultores. En opinión de Adrián, en campañas tan complicadas como estas se pone de relieve la necesidad de “industrializar más el campo. Hay muchos olivares heredades de los abuelos, que pasan de padres a hijos” y son plantaciones que no cuentan con recursos y medios tan avanzados como en otras regiones. Eso redunda en el rendimiento de las hectáreas que tienen. 

“El riego por goteo o la recogida con maquinaria específica para ello –no solo manual– son dos de las formulas que podrían contribuir a esa calificación de la campiña malagueña. Cristóbal Gil-Luna lo tiene así de claro. “No tenemos esa cultura, por así decirlo”. Las fincas deberían tener más facilidades para acceder al agua, “y eso es complicado, sobre todo en pequeñas plantaciones. Construir pozos, por ejemplo, sería muy beneficioso pero no es algo fácil de ejecutar”, especifica el gerente de Gil-Luna. Esta olivarera lleva más de 50 años en el sector, concretamente en el Burgo, en plena Sierra de las Nieves, tres generaciones de la familia avalan esta larga trayectoria. Cuentan con olivos centenarios que dan un producto ecológico que es referente de calidad, «el niño mimado» de la casa. Sus variedades, hojiblanca, picual y zorzaleña, dan un aceote de oliva virgen extra obtenido mediante extracción en frío, «elaborado con el cariño y el sabor de antaño».

Es obvio que la suerte está echada esta temporada, pero para 2017 el futuro está por escribir. Durante estos meses queda seguir tratando como oro en paño la cosecha que ya se está recogiendo y mirar al cielo con la esperanza de que próximas lluvias regalen mayores frutos. En este caso la calidad siempre está garantizada.