Jesús García Gallego: «El maridaje es un ménage à trois: la comida, el vino y la persona que lo marida»

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El erotismo y el vino, la pasión y la enología. ‘Maridajes’, de Jesús García Gallego y Yolanda Sánchez, nos ofrecen diez relatos escritos a dos, incluso a tres plumas, para traernos distintos encuentros donde la sensualidad y los vinos cobran protagonismo, con la capital malagueña como escenario. Hablamos con uno de sus autores, García Gallego, filólogo, poeta, ensayista y viajero apasionado, que ya ha publicado otras obras vinculadas con el arte como ‘La recepción del surrealismo en España’ y ‘Bibliografía y crítica del surrealismo y la generación del veintisiete’, libros de poesía como ‘Lecturas para un concierto de Haydn y ‘Los labios del sueño’ y con respecto a su faceta como enólogo es autor de ‘Enología, Maridaje y Cata de Vinos’, ‘Enología avanzada’ y el ensayo ‘La imagen del vino de Málaga en la literatura universal’.

¿Cómo nace esa idea de ‘Maridajes’?

Soy especialista en maridajes enológicos y gastronómicos, y tengo un libro relacionado con ello como es ‘Enología, Maridaje y Cata de Vinos’, que tuvo mucho éxito y es usado en escuelas de Hostelería. El maridaje es un ménage à trois, la comida, el vino y la persona que lo marida: sin el actor o actriz principal no es posible. Me surgió la idea de un cuadro de Picasso, en el que se veía a la mujer de distintos ángulos; y por ello pensé hacer lo mismo con una historia: contarla desde distintos puntos de vista.

Y con la relación erótica como uno de los ejes de la obra…

Empecé a escribir los relatos con un personaje, César, y quería que tuviera una relación con el vino como telón de fondo, en el que las historias podían desarrollarse. Lo eché a andar, como se dice. Cada historia la cuentan normalmente un personaje masculino y otro femenino, hay otras que son un trío, en otra son dos chicas, hay historias relacionadas con el BDSM, el shibari,…  El vino cumple esa función organoléptica, donde los sentidos van buscando la relación con el erotismo.

¿Qué lugares nos encontramos en ‘Maridajes’?

Pues por ejemplo tenemos el Museo Ruso de Málaga, algunas calles de la ciudad, y sobre todo, donde más se desarrolla la acción, es en dos casas de citas muy famosas de Málaga. Las escenas transcurren en escenarios culturales, y otras en esas casas de placer.

Y cada personaje femenino que nos encontramos, tiene un nombre de uva…

Así es, funciona como una degustación, cuando esas personas se encuentran y se degustan mutuamente, asocian esos aromas, sabores y lo ponen en relación a la sensación de probar determinados vinos o uvas.

La gastronomía y el placer sexual son dos conceptos que, a priori, parecen distintos pero que casan perfectamente…

Es muy poco recurrente que en la literatura se reúnan el vino y el erotismo. Cuando hablas de erotismo y vino todo el mundo lo marida, pero no porque lo haya visto escrito, sino porque van de la mano. Es un clásico en nuestras cabezas, porque lo hemos visto, oído o experimentado; pero no se ha  visto plasmado en historias. Los encuentros de las historias y punto de partida se inician en una cocina, donde se cuecen los personajes,  es el núcleo; aunque luego terminan en la cama.

¿Qué referencias a uvas y vinos nos encontramos en la obra?

Pues tenemos la Pinot Noir, tempranillo, moscatel, Pedro Ximénez, Riesling, Cabernet Souvignon, Garnacha, Merlot, Syrah… Y también se hace mención a bodegas de Málaga, como es Dimobe con algunos de sus vinos; como puede ser el vermut Ventura 27, o la de Descalzos Viejos de Ronda, con un Chardonnay maravilloso.

¿Qué sensación es la que nos transmite ‘Maridajes’?

Que hay que disfrutar de los placeres de la vida, con elegancia, con estilo. Es un libro para animarse, sobre todo en una época de encierro. Disfruté mucho escribiéndolo con Yolanda Sánchez, la coautora. Curiosamente, yo no la conozco personalmente, ella vive en Barcelona y yo en Málaga, hemos hablado por teléfono y escrito por email. Yo creaba el personaje y su historia, se la mandaba a ella y ponía la versión al personaje femenino. Y así íbamos cerrando los relatos. Hay una presencia femenina importante en el libro, e incluso mi mujer escribe uno de los relatos cuando se encuentran dos mujeres lesbianas.