Un recorrido por la Málaga más insólita

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Una ciudad con milenios de historia y por donde han pasado distintas civilizaciones no sólo alberga un importante patrimonio monumental sino también numerosos rincones singulares que, en ocasiones, son eclipsados por el legado de su historia. Por eso, esta escapada propone una mirada diferente sobre esta ciudad, conocida actualmente por sus museos y por construcciones levantadas hace siglos, como su Teatro Romano o la Alcazaba. En ocasiones, basta mirar por su centro histórico o por el entorno de la ciudad para encontrar lugares singulares e incluso, en algunos casos, misteriosos.

Algunos de estos hitos por la Málaga más insólita han cambiado su función después de varios siglos, como es el caso de las torres chimeneas del litoral o las antiguas excavaciones minera que hoy albergan de forma sorprendente una laguna. Otros, sin embargo, se han convertido en verdaderos enigmas para malagueños y foráneos.

Para descubrir estos rincones sólo hay que ir preparados para verlo todo con otra mirada. A mediados del siglo XIX Málaga vivió su principal auge económico, gracias a la instalación en la ciudad de numerosas fábricas e industrias de distintos ámbitos. Tan sólo en la ciudad y sus alrededores se llegaron a contabilizar unas 300 chimeneas, de las que hoy apenas sólo quedan una decena. Muchas de ellas están en el perímetro de la ciudad, como son las del litoral oeste, situado entre la entrada más occidental del Puerto de Málaga y la Desembocadura del Guadalhorce.

Una de las más emblemáticas es la que se conoce popularmente como Torre Mónica, que fue restaurada y puesta en valor como emblema del pasado industrial de la ciudad. Posterior es el origen de la Colonia de Santa Inés, que fue acotada para alojar a los obreros de una importante factoría de ladrillos en la década de los años 20 del pasado siglo.

Además de algunas estructuras de los edificios que se construyeron en esa época, hoy en día se puede disfrutar gracias a aquella industria de la laguna de la Barrera. Este lugar, donde antaño se extraía arcilla, se fue llenando de agua hasta crear un sorprendente ecosistema, en el que pasan e incluso viven numerosos ejemplares de avifauna. El entorno es también un verdadero vergel de árboles y plantas mediterráneas.

Situado sobre el río Guadalmedina se puede recorrer un trozo de historia de Málaga. Se trata del llamado Puente de los Alemanes, situado frente al templo de Santo Domingo. Esta construcción metálica fue un regalo del pueblo alemán a Málaga en agradecimiento por su solidaridad, que pudieron comprobar cuando se hundió en el año 1900 la fragata germana Gneisenau frente a la ciudad. Ese día muchos malagueños acudieron al rescate e incluso perecieron en esta gesta.

Años más tarde una crecida del río se llevó por delante algunos de los puentes de la ciudad, ante lo que el gobierno alemán respondió con este puente. En pleno centro histórico de Málaga se encuentra una angosta calle que encierra una misteriosa inscripción en la pared. Se trata de la que recibe el nombre de Cinco Bolas, que tiene en uno de sus extremos, junto a la parroquia de San Juan cinco semiesferas incrustadas en la pared.

A pesar de no ser algo habitual este tipo de adornos, suelen pasar desapercibidos. Aún más complejo es saber por qué y desde cuándo exactamente están ahí. La tesis más extendida la relaciona directamente con los años posteriores a la toma de la ciudad por los Reyes Católicos. De hecho, estas bolas podrían haber procedido de cañones de la época, usada durante la batalla decisiva que dio lugar a la conquista de la ciudad. La hipótesis más razonable está relacionada, sin embargo, con la construcción en este enclave de un convento. Eso justificaría la instalación de un Cirio Pascual, que lleva como adorno cinco bolas de colores. Cada una de ellas tiene un significado, según la tradición católica.

Construcciones singulares

Un recorrido por la Málaga más insólita no puede eludir algunas de sus edificios e infraestructuras más llamativas. Entre ellas, sobresale especialmente lo que queda del acueducto de San Telmo, una obra de ingeniería hidráulica del siglo XVIII, que permitía llevar agua desde el Guadalmedina hasta el centro de la ciudad. Del acueducto quedan algunos tramos en el barrio de Ciudad Jardín y algunas fuentes en la ciudad, como la de la Alcubilla, en la plaza de la Merced.

Otras construcciones singulares son la Fuente de Génova (siglo XVI), situada en la plaza de la Constitución, el cementerio de San Miguel (de estilo neoclásico) o el barrio de la Judería, en el entorno de la calle Granada, donde se conserva una sinagoga del siglo XVII.