Ocho pueblos malagueños con mucho color en primavera

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Es en primavera cuando muchos pueblos malagueños pueden presumir de rincones singulares y coloridos. Es el que proporcionan en estos días especialmente las macetas que adornan calles, pasajes, plazas y otros enclaves urbanos. En muchos casos, se percibe el legado andalusí, con angostas y empinadas calles que se convierten en auténticos laberintos donde merece la pena perderse. Así, en la Axarquía abundan las propuestas para disfrutar de ese colorido que proporcionan sobre el fondo del blanco de la cal las flores y las macetas. 

Entre esos pueblos, están Frigiliana, Canillas de Aceituno, Canillas de Albaida, Torrox –en su casco antiguo–, Sayalonga o Salares, entre otros. También hay rincones pintorescos situados en segunda línea de playa de la Costa del Sol, como Mijas Pueblo, Ojén, Casares o incluso Estepona, que en los últimos años ha conseguido recuperar en su casco antiguo el colorido tradicional de los pueblos andaluces. También en la Serranía de Ronda hay localidades que resultan idóneas para conocer durante la primavera. Es el caso de Benarrabá, Benalauría, Benadalid, Algatocín, Genalguacil o Jubrique, entre otros. 

1. Frigiliana (Axarquía). Considerado como uno de los pueblos más bonitos de Andalucía, ofrece un gran contraste cromático gracias a sus macetas y a sus puertas y ventanas, que suelen tener colores muy vivos que resaltan aún más sobre la cal. En el Barrio Alto o Barribarto, se puede disfrutar intensamente de esos contrastes.

2. Benarrabá (Serranía de Ronda). Aunque en el Valle del Genal hay otros pueblos que también mantienen la costumbre de adornar sus calles con coloridas macetas, en Benarrabá han conseguido crear una bonita atmósfera de luz y color únicos. Especialmente en el entorno de la iglesia de la Encarnación, aguardan las calles que más unen sus raíces al antiguo Al-Ándalus.

3. Estepona (Costa del Sol). Ser uno de los municipios turísticos más importantes del país no es incompatible con el tipismo andaluz. No en vano, ha sido una de las grandes apuestas de Estepona en estos últimos años, lo que se ha bautizado como el ‘Jardín de la Costa del Sol’. En el casco antiguo del municipio se puede hacer un bonito recorrido entre coloridas macetas. Ese paseo peatonal se puede complementar con otro por el perímetro del centro, donde aguarda otra ruta interesante, la de los Murales.

4. Tolox (Sierra de las Nieves). Además de ser un destino idóneo para hacer senderismo e incluso montañismo, esta villa malagueña sorprende por el tipismo que mantiene en muchos de sus rincones, donde asoman no sólo coloridas macetas sino también vistosos caracoles. Entre las zonas más tradicionales está la Rinconada del Castillo, en torno a la actual iglesia de San Miguel, donde en su día hubo incluso una antigua fortaleza árabe.

5. Canillas de Aceituno (Axarquía). El pueblo que es punto de partida para La Maroma o para el puente colgante del Saltillo es también uno de los cascos urbanos ineludibles para disfrutar del tipismo andaluz. Aunque su casco antiguo es relativamente pequeño, merece la pena perderse por él para sorprenderse por rincones que se han convertido en auténticos vergeles gracias al empeño de sus vecinos. Especialmente en la zona más elevada del pueblo y en el entorno de la iglesia hay mucho que ver y disfrutar.

6. Mijas Pueblo (Costa del Sol). A pesar de ser hoy una pequeña ‘torre de Babel’, con muchos residentes de origen extranjero entre sus habitantes, este municipio de la Costa del Sol sigue conservando el tipismo andaluz en muchos de las calles y los rincones de su casco antiguo. Entre el Santuario de la Virgen de la Peña y las antiguas murallas esperan los mejores recorridos.

7. Ojén (Sierra de las Nieves). Al igual que otros pueblos de la lista, éste es uno de esos privilegiados que está en la falda de una montaña y tiene vistas al mar. En este caso, a la franja mediterránea que baña a Marbella. Si a eso se le añade el cuidado de sus calles y su plaza más céntrica, donde se erige su iglesia, poco más hay que añadir.

8. Alfarnate (Axarquía). El valor natural de un entorno y de la tradición rural se respira, siente y palpa en un pequeño pueblo del interior de la Axarquía, un reducto que fascina al visitante al pasar por cada una de sus calles y dejarse atrapar por cada rincón de su callejero. Hablamos de Alfarnate, un bello municipio serrano en Málaga para disfrutar esta primavera.