Tortas Lupiáñez Gil, sabor e ingredientes de la tierra

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La torta de Algarrobo ha llegado a nuestros días, impertérrita, sin apenas cambios. Y ello, a pesar de las sucesivas generaciones que han ido matizando y enriqueciendo la receta original, y pese a la feroz competencia de la bollería industrial. Este producto con sello malagueño planta cara a los grandes emblemas de la industria alimentaria. Francisco Lucena Robles, propietario de Tortas Lupiáñez Gil, y un perfecto conocedor del producto, nos recibe en sus instalaciones de Vélez-Málaga.

Tortas Lupiáñez Gil elabora principalmente la Torta de Algarrobo clásica, aunque dado los nuevos tiempos se ha atrevido también con una segunda variante que incorpora pepitas de chocolate, más del gusto de la juventud y los pequeños. De todos modos, no renuncian a la tradición por lo que siguen elaborando un tercer tipo a la que denominan torta ‘Grande’ pues lleva una almendra, justo en el centro. “Es la referencia más artesana porque sigue el modelo más tradicional, tal como se hacía antiguamente”, recalca Francisco Lucena, el propietario de la marca. Sobre el origen del dulce, este profesional dedicado a la panadería y confitería durante toda su vida, no se arriesga a dar una fecha exacta. “Lo que si es cierto es que hay tantas recetas como habitantes tiene Algarrobo. Es un hecho. Las tortas se elaboraban en cada casa. De ahí que cada familia tenga su toque especial”, nos recuerda con una pequeña sonrisa. Lupiáñez Gil es una empresa familiar que elabora estas tortas en el Polígono Industrial de Vélez-Málaga, al que se mudaron hace cuatro años. Previamente, funcionaban como una panificadora tradicional, de toda la vida. Sin embargo, en 2014 dan un salto cuantitativo al adquirir la marca a Sebastián Lupiáñez, quien abandonaba el negocio por jubilación. La familia Lucena necesitaba diversificar el negocio y crecer.

“A principios de los 80,’ el producto más novedoso era el donut. Con el tiempo, fueron entrando los bollicaos, las palmeras, xuxos, etc. Ahora, ves camiones refrigerados que llevan un montón de referencias. Vimos la necesidad de diversificar un poco y tener un nuevo producto. Al mismo tiempo, Sebastián Lupiáñez, el fundador de la marca, se jubilaba y su hijo Sebastián Lupiáñez se agregaba a la plantilla de Panificadora Hnos. Lucena”, recuerda el empresario.

A pesar que la gran industria despliega una gran batería de recursos y marcas para competir en los segmentos de dulces y bollería, lo cierto es que las tortas de algarrobo siguen contando con el aplauso del público. “El mercado cada vez está más interesado en la verdura y fruta ecológica y los productos sanos. Y Tortas Lupiáñez Gil tiene como rasgo principal, la naturalidad de sus ingredientes”, justifica. El propietario de la marca reivindica la buena materia prima como un valor añadido frente a la competencia de los grandes. Y los ingredientes que utilizan son su principal divisa.

Las Tortas Lupiáñez Gil, las de toda la vida.

“Fíjese que el aceite es un virgen extra de la pedanía de Los Romanes en la zona de La Viñuela. La almendra es malagueña cien por cien. La harina también de gran calidad al igual que la matalahúga. También lleva azúcar y canela”. Por este motivo, mantienen un fuerte compromiso con el producto tradicional de la provincia y, de hecho, están bajo el amparo de la marca Sabor a Málaga. Si algo los distingue es el sabor y que “los productos son de la tierra y naturales”. Otra ventaja con la que juegan es con una larga caducidad que les permite “llegar a más público”.

Panificadora Hermanos Lucena que elabora los productos Lupiáñez Gil se encuentra en Polígono Industrial de Vélez desde hace algo más de tres años. Distribuye las tortas de aceite de oliva a toda Andalucía, siempre a través de hosteleros y distribuidores alimenticios.

En la actualidad, la empresa comercializa las famosas tortas bajo el formato de doce unidades, el más vendido con el logo que reza: ‘Las Legítimas Tortas de Aceite de Algarrobo’ y también un estuche de seis unidades donde se comercializa la torta de almendra, de mayor tamaño, como se hacía antes.

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Redactor todoterreno con más de 15 años de experiencia, en el mundo de la gastronomía, el turismo y la economía. Explorador incansable de los sabores, las cocinas del mundo y los nuevos hallazgos culinarios. Siente pasión por todo lo que rodea al mundo del vino y la enología. También de los productos de temporada y kilómetro 0, lo que viene en denominarse ‘slow food’. Hace suyas unas palabras de Cicerón: “el placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación”.