Turrón, el rey dulce de la Navidad

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Es el rey de los dulces de Navidad. El que no falta en ninguna mesa para el postre de estas celebraciones. El turrón. El bocado que todos los golosos buscan después de los festines gastronómicos navideños. Pero ¿de dónde viene este producto tan adorado en el mes de diciembre? ¿Cómo ha perdurado hasta nuestros días sin pasar de moda? Realmente, ningún experto se ha aventurado a datar una fecha para ubicar al turrón en la historia de la gastronomía. Hay quienes hablan de una pasta parecida al turrón (por estar elaborada a base de frutos secos y miel) en la época griega que servía para que los participantes en las Olimpiadas adquiriesen un extra energético. En la Península Ibérica, el hito de su elaboración se les concede a los árabes y se habla de que nuestros antepasados ya consumían algo parecido a lo que hoy conocemos como turrón desde el siglo XIV. Después se convertiría en un producto de la realeza gracias a su introducción en la corte de Carlos V.

¿Y el nombre? Según Fernando Galiana, cronista de Jijona y autor del libro “Anales y documentos históricos del turrón de Jijona”, la palabra turrón proviene de torrat, que era una masa consistente y fácil de manejar después de cocer en el fuego una pasta de frutos secos y miel, y aunque esta versión está muy extendida, no termina de ser la única sobre el origen de este dulce que no solemos consumir mucho más allá de los días de Navidad.

Elaboración y consumo

El turrón tradicional está elaborado con ingredientes muy sencillos… miel, azúcar y almendras enteras o molidas. Antaño se consumía duro (en forma de torta o tableta) o blando, pero la elaboración de este producto ha cambiado con los años, y mucho. Hoy en día encontramos turrones casi de cualquier sabor para poner en la mesa. Algunos llevan tantos años en el mercado que se han convertido también en todo un clásico… de chocolate, de frutas, de cacahuetes, de trufa, de nata con nueces… y otros son una auténtica revolución y atrevimiento… desde turrón de gin tonic o Martini rojo, pasando por las natillas con galletas, la lima, el foie, el queso de cabra e, incluso, el chorizo o el brócoli por aquello de ser “healthy”, entre otros.

Clásico o transgresor, lo que sí es cierto es que los españoles amamos el turrón. En 2016 llegamos a consumir nada más y nada menos que casi 22.000 toneladas de este exquisito producto, según los datos de la Asociación Española del Dulce. Tampoco se nos da mal exportarlo. A otros países de la Unión Europea, Asia y América fueron a parar casi 5.000 toneladas más. En ambos casos, el sector espera aumentar las cifras de 2017 y superar el volumen de negocio del año pasado, que rondó casi 240 millones de euros.

Y aún con estos datos, el turrón es un producto de Navidad. ¿El motivo? Algunos historiadores lo achacan a que antaño no era un producto asequible, con lo cual estaba reservado a las ocasiones especiales. Otros hablan, incluso, de que por el siglo XVI se llegó a pagar una parte del salario de los trabajadores de Alicante en turrones cuando llegaba la Navidad. Sea como fuere, lo que sí es cierto es que se trata de un dulce estacional al que ninguno de nosotros puede resistirse en estas fechas.