Una mesa perfecta para la Navidad

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La decoración de la mesa en Navidad es uno de los detalles más importantes cuando se organiza una velada en estas fechas tan señaladas. Se podría decir que es la diferencia entre dar una buena impresión, o una no tan buena si nos toca ser anfitriones.

En definitiva, saber decorar y preparar una mesa es un ejercicio un tanto complicado y delicado y que dista, en algunos detalles, la manera en que se prepara para un restaurante, de cómo se prepara en el hogar. Pero existe un protocolo perfecto para la ocasión y una serie de consejos que no os harán fallar. 

Antes de comenzar hay que aclarar que aquellas mesas que vemos en expositores, revistas o fotografías online son, en definitiva, para eso, para ser fotografiadas. Pensando en la gran cantidad de platos que saldrán de cocina, además de las bebidas, lo principal será no sobrecargar la mesa con adornos o menaje innecesario.

Protocolo y consejos para la mejor puesta en escena

Para Teresa Escobar, copropietaria de Tecnyhostel, empresa especializada en menaje para hostelería y hotelería, destaca que en restauración “la decoración de la mesa debe ser sobria. Lo primero que debe llevar una mesa en un restaurante es su muletón. Este es el primer “mantel” que va sobre la mesa y que se encargará de absorber el ruido de los platos cuando el camarero los deje en la mesa. Seguidamente irá un doble mantel. El primero llegará al suelo, y el segundo será el cubre mantel que vea el comensal. Este debe pasar desapercibido, sin mucho dibujo. Quizá un mantel blanco o rojo, con algún motivo navideño está bien, pero lo más sobrio posible, buscando la elegancia».

La regla fundamenta es que la mesa nunca puede destacar más que el plato que nos van a servir. Y en cuanto a su acompañante, las servilletas siempre serán de tela y se manipularán lo menos posible. Nada de figuras extrañas.

En cuanto a los platos y la cubertería, Teresa opina que “la incorporación de un bajo plato, por ejemplo, de acero, es una buena forma de dar ese toque de distinción en fechas señaladas”. Esta es una de las pocas diferencias que encontraremos con respecto al protocolo en el hogar. En casa, un bajo plato no es estrictamente necesario, al igual que el muletón, anteriormente nombrado.

Sin embargo, el protocolo para posicionar los cubiertos es el mismo para restaurantes que para hogar, “tenedores a la izquierda, cuchillos a la derecha, y los cubiertos para el postre justo encima del plato, que puede ser hondo o llano. El pan siempre irá en la parte izquierda, arriba, y acompañado de un pequeño cuchillo cuando haya mantequilla o algún tipo de producto para untar”.

«La regla fundamenta es que la mesa nunca puede destacar más que el plato que nos van a servir», Teresa Escobar

Siguiendo con el orden protocolario, se llega a la cristalería. “En Navidad se suelen poner tres copas, a diferencia del día a día donde suelen ponerse dos, o tan solo una. En estas fechas, los restaurantes suelen poner una copa para el vino, una para el agua y, la indispensable dadas las fechas, una para el champán o el cava”, destaca Teresa. 

La idea principal es la de ahorrar el mayor espacio posible con menaje, cubertería o decoración innecesaria, pero consiguiendo transmitir ese toque navideño que nos recuerde la época que celebramos. De esta manera, el centro de mesa es indispensable, pero buscando una creatividad suave, “como por ejemplo un pequeño centro elaborado con velas. Eso sí, siempre de una altura baja que nos permita ver al comensal que tenemos en frente.”

En definitiva, la forma en que montamos nuestra mesa navideña para nuestro restaurante o para nuestra casa se diferencia en pequeños detalles de protocolo. Sin embargo, ambas guardan similitudes generales como por ejemplo la necesidad de sobriedad y elegancia, y la búsqueda de espacio dentro de la misma entre comensales, siendo “65 centímetros el espacio aconsejable entre ellos.” 

Consejos para conseguir el aplauso de tus invitados

La importancia del protocolo es indiscutible, pero siempre hay pequeños trucos más allá del protocolario orden del menaje y los sobrios centros de mesa que pueden hacernos destacar como perfectos anfitriones, tanto en nuestra casa, como en nuestro restaurante.

  1. Detalles decorativos. El centro de mesa no tiene por qué ser el único adorno que aparezca en la mesa, al principio de la velada, claro. Una forma diferente de decoración navideña la proporciona Teresa: “probad a cortar un ramillete de muérdago, colocadlo dentro de una copa de vino, poniendo esta boca abajo en la mesa y atando un pequeño lazo rojo en la base de la misma”. Sencillo, elegante y eficaz.
  2. Un pequeño regalo. Siempre puedes sorprender a tus invitados con un pequeño detalle, como por ejemplo un regalo con motivos navideños, o la impresión del menú. En este caso, cualquier detalle se colocará justo encima del plato y la servilleta irá a la izquierda.
  3. Servir el vino. Aunque parezca mentira, servir el vino es un arte. Las medidas correctas son un tercio para el vino blanco y dos tercios para el tinto. En el champagne nunca más de media copa. En ambos casos, la etiqueta siempre hacia arriba para que nuestro comensal vea la marca.
  4. Los dulces, la gran sorpresa. Si incluimos dulces en el postre final, cosa más que esperada en Navidad, estos irán al centro de la mesa y bien alineados, siempre que hablemos de turrones, mantecados… Si el postre elegido es una tarta, primero se presentará a los comensales para, posteriormente, servirla ya emplatada. 
  5. Marcar los puestos. Una idea muy original es, junto al pequeño regalo que hagamos a nuestros comensales, dejar su nombre detallado en el puesto, de tal manera que ahorrarás tiempo mostrando a cada uno su sitio o incluso planeando a modo de improvisación donde se sentará cada comensal. Una bonita forma de hacerlo es “enrollando la servilleta y atándola con un pequeño cordel. A continuación, cogemos una pequeña hoja de la planta que más nos guste y la pintamos de dorado con spray. Dejamos que se seque y la unimos al cordel con otro papelito en el que incluiremos el nombre del comensal”.