Agricultura sinérgica: la tierra por y para la tierra

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La agricultura sinérgica nace de la mano de Emilia Hazelip, nacida en Barcelona, en el año 1987

La sostenibilidad es el objetivo principal marcado por todos los productores y agricultores del sector en los últimos años. Ayudar a una rápida recuperación del suelo, una producción hortofrutícola de calidad y un impacto mínimo en el medio ambiente es la principal línea a seguir para respetar la tierra al nivel que realmente merece.

Así nace la agricultura sinérgica, de la mano de Emilia Hazelip, nacida en Barcelona y que, en el año 1987, dio vida a este modelo de producción vegetal para la autofertilidad de la tierra basado en la agricultura natural sin laboreo. Esto es, crear vida autosuficiente en la naturaleza, sin explotarla.

Cuando pensamos en la plantación y crecimiento de cultivos, llegamos a la rápida conclusión de que toda planta realiza la fotosíntesis para poder alimentarse y crecer. Para ello, tan solo necesitan agua y la energía del sol. Nada más. Por lo tanto, la agricultura sinérgica no apoya la idea de abonar el suelo con compost ni con otros abonos orgánicos.

Principios de la agricultura sinérgica

La sinergia puede definirse como la acción conjunta de varios órganos en la realización de una función. Traducido a la agricultura, esto quiere decir que la propia tierra crea sinergias entre sus microorganismos, enriqueciéndola, o en la asociación entre plantas que han sido cultivadas relativamente cerca las unas de las otras, beneficiándose mutuamente.

Dentro de este estilo de agricultura existen cuatro principios fundamentales:

  • No arar la tierra
  • No abonarla. La autofertilidad de la tierra es el abono
  • No utilizar tratamientos químicos
  • No comprimir el suelo

Es muy importante comprender que la tierra puede autofertizarse. ¿Cómo? Mediante sus exudatos radicales, los residuos orgánicos que dejan y su actividad química, además de los microorganismos, las bacterias, los hongos y las lombrices. Este sistema de agricultura totalmente ecológica ayuda a proteger el suelo, permitiendo a la tierra mantener sus capas propias, manteniéndola salvaje para una producción orgánica total. 

¿Cómo puedo conseguir mi propio cultivo sinérgico? 

El primer paso a seguir es construir un bancal de 120 cm de ancho, 50 cm de altura y con una separación aproximada de 80 cm entre ellos. A continuación, se acolcha el suelo mediante paja, lana o restos orgánicos que actúan como un filtro protector entre la superficie de la tierra y los gases atmosféricos. Esta cobertura siempre será mejor seca e ínfima en rigidez. Esta cobertura actúa como abono de superficie alimentando la tierra de arriba abajo.

De esta manera conseguimos no traumatizar a ningún organismo vivo de nuestras tierras con posibles cambios en su hábitat. Es realmente importante imitar a la propia naturaleza en cada proceso, abriendo el acolchado tan solo en líneas de siembra, las cuales se irán transformando en mantillo.

Para que la tierra disponga de materia orgánica dentro de sí, sin que haya necesidad de enterrarla, siempre se dejan descomponer dentro las raíces, excepto las que se cosechan. Estos restos participan en la flora intestinal de la tierra y esta permite a su vez la nutrición de las plantas.

Esto se traduce en que, cuando la fertilidad de la tierra no se pierde a causa de la erosión, no hacen falta compensaciones constantes en forma de cualquier clase de abono.

En definitiva, la agricultura sinérgica es un principio total de sostenibilidad, buscando el respeto absoluto a la tierra, dejando que esta se regenere y fertilice de forma autosuficiente, consiguiendo no solo productos más ecológicos y naturales, sino un cuidado de los cultivos que harán los terrenos más duraderos y fiables.