Espumosos de Málaga: la burbuja de la felicidad

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Son fechas de celebraciones, de reuniones familiares, de amigos y compañeros de trabajo. Son fechas de brindis y compartir momentos especiales, aunque sólo sea una vez al año.

Si hay un vino relacionado especialmente con la celebración, ese es el espumoso. Pero ¿Qué es un espumoso? ¿Es un vino? ¿Todos los espumosos son Champagne? ¿Y el Cava?

Lo primero que tenemos que conocer es que el espumoso es ante todo un vino, como cualquier otro, pero que tiene como elemento diferenciador el gas carbónico que contiene.

Para conseguir esa burbuja hay que elaborar el vino con una serie de características especiales. Primero tenemos que diferenciar entre vinos espumosos naturales y vinos gasificados. Los primeros contienen carbónico producido por métodos naturales.

Como muchas de las grandes ideas nacen de forma casual. Los monjes franceses, como muchos europeos, elaboraban vino para consumo propio y venta. Esos vinos se almacenaban en las propias abadías, donde por las temperaturas que soportaban y las condiciones en las que se encontraban, llegaban a refermentar en las botellas y explotaban por la presión que se generaba dentro de ellas. Lo que en principio era un problema, luego se convirtió en una virtud. Esa doble fermentación se empezó a controlar, también se añadío una botella con el vidrio más grueso para aguantar la presión y se le colocó una anilla para evitar que el corcho saliera despedido. Había nacido el método champenoise o tradicional.

Este método consiste en elaborar un vino base y forzar una segunda fermentación dentro de la propia botella. Otro método de elaboración de espumoso natural es el Granvás. A diferencia del anterior, se elabora con una segunda fermentación en depósitos. No podemos olvidarnos de los vinos de Aguja, en los cuales una pequeña burbuja se genera de manera natural, dejando una pequeña cantidad de azúcar residual producir ese carbónico dentro de la botella.

Los espumosos gasificados son aquellos que se añaden gas carbónico de manera artificial y que son reconocible por su burbuja mar gruesa y alocada dentro de la copa.

Desde hace unos años este tipo de vinos se ha instalado de forma más cotidiana en las mesas de los malagueños. Esto es debido al auge de las bodegas de la provincia en la elaboración de los mismos.

Pioneros

Los pioneros fueron Bodegas Jorge Ordóñez, que lanzaron al mercado su ya conocido Botani. Pero no son los únicos, varias bodegas han seguido innovando para conseguir que la uva moscatel, nuestra uva, se coloque a niveles de los mejores espumosos internacionales. Para ello bodegas como Quitapenas disponen en el mercado actual de espumosos por método Granvás y elaborados con uvas moscatel de Alejandría y al que han llamado Florestel. Esta misma bodega también dispone entre sus vinos de Tachín, con uvas airén y moscatel, de aguja semidulce y gasificado. Es un vino suave y delicado con un moderado grado alcohólico, que lo hace muy versátil tanto como aperitivos y postres suaves.

En la zona norte de la provincia y bajo el amparo de la Cooperativa Virgen de la Oliva de Mollina se elaboran los espumoso gasificados Apiane dulce y seco, con una atractiva presentación de su botella.

En la actualidad, no hay ningún vino malagueño en el mercado elaborado por método tradicional o champenoise, pero eso no quiere decir que no lo tengamos en un futuro. Para ello en Bodegas Dimobe se han encargado de seguir innovando y en la cosecha 2015 embotellaron un moscatel con doble fermentación y que se encuentra en fase de crianza. La evolución del que será el primer espumoso por método tradicional está siendo muy positiva. La moscatel de la Axarquía se mostrará al mundo de una manera hasta ahora nunca vista.

La burbuja es siempre sinónimo de una buena celebración, de felicidad, de compartir con la gente que queremos unos momentos especiales e inolvidables. Estos brindis ya podemos hacerlos con espumosos de Málaga. Siempre recordando buscar las mejores combinaciones entre los platos y los vinos. Un espumoso de moscatel semi-dulce o dulce será muy apropiado para su brindis tras una buena dosis de mantecados, polvorones y turrones.