Madrid se rinde a la torrija

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“A nadie amarga un dulce” dice el refranero popular. Y es que, la gastronomía de Cuaresma es rica no sólo en lo que a elaboraciones saladas se refiere, sino que tiene en la repostería una aliada importante. En ese sentido las torrijas son el fiel reflejo de ello. Es un dulce tradicional que se mantiene pese al paso del tiempo y a los intentos de desbancarla por parte de otros productos más innovadores que van a apareciendo en el mercado para atraer, sobre todo, a un público más joven.


La versión más extendida se lo atribuye a los romanos, pero también hay hipótesis que afirman que su ascendencia es mudéjar o andalusí. Este postre tenía como finalidad aprovechar el pan sobrante, en una época de escasez de alimentos.
Su alto aporte energético hacía que fuera muy común en momentos de ayuno como
la Semana Santa. En el siglo XV era el alimento proporcionado a las mujeres después de dar a luz, con el objetivo de acelerar la recuperación.


La torrija es una rebanada de pan (habitualmente con varios días) que se pasa por leche, almíbar o vino y, tras ser rebozada en huevo, se fríe en una sartén con abundante aceite de oliva. Se endulza con miel, melaza o azúcar y es aromatizada con canela. Sólo en Madrid el pasado año se estima que se consumieron más de
tres millones y medio de torrijas en las diferentes pastelerías de la comunidad.
La torrija era a comienzos de siglo XX muy habitual en las tabernas de Madrid y se servía con vasos de vino (chatos). Actualmente, a las tradicionales humedecidas en leche o vino se han sumado otras variedades que convierten a la torrija en un postre con muchas posibilidades.


De esta forma se pueden encontrar ya torrijas rellenas o cubiertas de diversas mermeladas, cremas o chocolates. Pero la torrija que está despuntando desde el año pasado es la sin gluten, según ha explicado a Agro el gerente de la Asociación de Pasteleros

El pasado año Asempas y la Asociación de Cocineros y Reposteros de Madrid (Acyre Madrid), organizaron La Quincena de las Torrijas. Unas jornadas gastronómicas orientadas a promocionar a los artesanos madrileños que elaboran este famoso postre que se consume cuando llega la Semana Santa donde más de 30 establecimientos hoteleros, restaurantes y confiterías de Madrid ofrecieron torrijas a sus clientes durante 14 días. En el marco de estas jornadas se celebró además el Concurso de la Comunidad de Madrid. Ahora, a primeros de abril de 2019 se volverá a celebrar, según ha apuntado López, quien ha concretado que existen tres categorías
para participar en este concurso:” torrija tradicional, innovación y sin gluten”.


Entre sus objetivos está promover la pastelería y repostería artesana y comunicar su importancia. “Que se reconozca el valor de la pastelería artesanal frente a la industrial, así como defender su prestigio y los beneficios que su elaboración artesanal tiene para la salud”, ha señalado el presidente de Asempas.
Para que la torrija esté bien elaborada, el truco está en tener un buen pan en rebanadas, que esté duro (de unos 3 días), de consistencia fuerte para que se empape bien la leche y no se rompa, integrar bien todos los ingredientes y conseguir que no esté