Antequera: la villa monumental del corazón de Málaga

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En el corazón de la provincia de Málaga aguarda Antequera, una ciudad monumental, que es conocida, entre otras razones, por su patrimonio arquitectónico y arqueológico, aunque éste no puede eclipsar tampoco los apreciados enclaves ecológicos y su fértil vega agrícola, donde predomina el olivar de la variedad hojiblanca.

Más de una treintena de edificios religiosos se pueden ver en esta ciudad monumental. La mayoría de ellos fueron levantados entre los siglos XVI y XVIII, la época de mayor esplendor de toda su historia. La localidad fue en aquellas centurias una de las más importantes de toda Andalucía, ya que se encontraba en el eje comercial entre las localidades de Sevilla, Granada, Córdoba y Málaga. Gracias a ese esplendor, Antequera tuvo un auge económico y de población que repercutió en la construcción no sólo de iglesias y conventos sino también en varios palacios, que eran residencias de poderosas familias. Desde el punto de vista artístico este período está marcado por el manierismo y el barroco, que serán los estilos más definitorios de la estética urbana antequerana.

Entre sus edificios más emblemáticos, está la Real Colegiata de Santa María la Mayor, que se levantó como primer templo de la ciudad a principios del XVI con un evidente estilo renacentista, aunque también cuenta con algunos rasgos propios del gótico. Después de haber estado muchos años abandonado para el culto religioso, hoy no sólo es visitable sino que también se organizan distintas actividades culturales y lúdicas en su interior. Entre los conventos que se pueden visitar en el casco urbano de Antequera sobresalen especialmente los de San Zoilo, San Agustín, el Carmen o la Encarnación.

Como iglesias, las más destacadas de esta época son las parroquias de San Sebastián, San Juan Bautista y San Pedro, San Isidro o Santo Domingo.Entre los palacios y grandes casonas de esta época, actualmente se pueden ver e incluso visitar los del Conde de Pinofiel, del Conde de Colchado de Nájera (actualmente sede del Museo de la Ciudad).

Al indudable valor del patrimonio arquitectónico de Antequera hay que unir inexorablemente su impresionante legado geológico e histórico. Precisamente tras él se esconden tanto la presencia de los primeros seres vivos como uno de los hitos en la evolución del hombre. Es decir, sin salir del territorio antequerano se pueden ver distintos complejos kársticos, forjados durante el Triásico y el Jurásico.

Además, en los más de ochocientos kilómetros cuadrados que tiene su término municipal, se pueden encontrar enclaves tan importantes como el Torcal de Antequera, un espacio protegido como Paraje Natural por su valor geológico. En concreto, se trata de una formación caliza tan hermosa como insólita. Concretamente, es un ‘karst’, que tiene su origen en el fondo marino y que se empezó a formar durante el período jurásico, es decir, hace aproximadamente 150 millones de años. Las curiosas formas de sus rocas erosionadas por el viento y la lluvia, su fauna, constituida por mamíferos como la cabra hispánica, y su ubicación, a más de 900 metros de altitud del mar, son algunos de los atractivos de este enclave, cuya superficie supera los 11 kilómetros cuadrados. Otras formaciones calizas del territorio antequerano son la Sierra de las Cabras y la conocida Peña de los Enamorados, ubicada frente al propio casco urbano. Esta última llama la atención por su forma (se asemeja a la cabeza de un indio tumbado y de perfil) y por su denominación (Se le conoce así por la leyenda del amor imposible de Tagzona y Tello). Además de su naturaleza geológica y paisajística, hay que tener en cuenta que a sus pies se han encontrado numerosos y valiosos yacimientos prehistóricos desde el Paleolítico inferior.

Dólmenes

En la entrada del casco urbano antequerano se halla uno de los conjuntos de dólmenes más importantes de España, compuesto por los de Menga, Viera y El Romeral. Son construcciones megalíticas procedentes de la Edad del Cobre que se conservan en perfecto estado, a pesar de que su construcción supera, en casos como el de Menga, los cuatro mil años. Estos yacimientos fueron levantados con grandes piedras para realizar enterramientos colectivos y vienen a corroborar la importancia de esta zona como asentamiento de los primeros pobladores. Así, en una de las entradas del casco urbano se pueden visitar los dólmenes de Menga y Viera, mientras que el de El Romeral está situado aproximadamente a 4 kilómetros. Este último se caracteriza por ser del tipo ‘tholos’, es decir, con corredor y partes bien diferenciadas.

En este sentido, Antequera está a la espera, durante este mes de junio, de la decisión de la Unesco para conocer si los Dolmenes son declarados Patrimonio de la Humanidad.

El principal recurso agrícola de la ciudad de Antequera es desde hace siglos la producción de aceite de oliva, en su mayoría verdial. En toda su vasta vega se pueden ver inmensos olivares, algunos de ellos con muchos años de vida. No hay que ir muy lejos de la ciudad para comprobarlo. A tan sólo unos metros del conjunto dolménico de la ciudad se puede ver unos cuantos ejemplares esplendorosos. Precisamente, muy cerca de allí se puede conocer mucho más sobre la cultura y la tradición oleícola local en el Museo Hojiblanca, donde se puede ver un molino romano del siglo I, que fue descubierto en el paraje de La Quinta. Más recientes son otras piedras de molino, que se conservan en mejor estado, datadas en los siglos XVII y XIX.

En un núcleo de población de Antequera, en Bobadilla, se puede visitar -previa reserva- la Finca La Reja, donde se elabora posiblemente uno de los mejores aceites de oliva virgen extra del mundo, a tenor de los reconocimientos que ha tenido su monovarietal hojiblanca, que se comercializa como Finca La Torre. Se trata de un cuidado olivar ecológico, en el que se apuesta por la tradición, la calidad y los procesos que más respetan la esencia de un buen aceite de oliva virgen extra. Esta finca cuenta, en realidad, con más de 20 siglos de tradición como almazara de aceite de oliva. La empresa es una de las más antiguas del mundo y tiene a sus espaldas una agitada historia. En la actualidad siguen siendo muy palpables las raíces de la época romana, que son expuestas a los visitantes y turistas en forma de ruinas en la entrada principal.

Cómo llegar

Para llegar a Antequera existen muchas opciones por carretera, aunque la principal desde Málaga es la A-45. A través de esta autovía hay apenas 30 minutos entre ambas ciudades. Hasta la localidad también se puede llegar en AVE, aunque la estación de Santa Ana está situada a 19 kilómetros del casco urbano. Existe una frecuencia alta de autobuses interurbanos que cubren el recorrido con Antequera desde Málaga y otras localidades del entorno.

Dónde comer

En el casco antiguo de Antequera existen muy buenas opciones para degustar la gastronomía de esta localidad, que tiene como referentes más conocidos a la porra, elaborado con aceite de oliva de la variedad hojiblanca, el mollete o el pío antequerano. Entre los establecimientos más reconocidos en el centro de la villa, sobresalen especialmente Arte Cozina, de la reputada cocinera Charo Carmona. Allí se han revisado e incluso actualizado las recetas más tradicionales de la zona. Junto a este restaurante, también se pueden destacar el Mesón Ibérico Dehesa de las Hazuelas, El Escribano, El Rincón de Lola, El Adarve o El Angelote. En el término municipal, que es muy amplio, sobresale muy especialmente el Caserío San Benito, en el límite con el pueblo de Alameda.

Dónde alojarse

Para hospedarse en Antequera existe una amplia variedad de opciones. Los que busquen hoteles con mucho confort pueden elegir entre 4 y 5 estrellas en Antequera Golf, el Pardor o el Convento de la Magdalena. Otras opciones interesantes son Finca Eslava, Las Villas de Antikaria o Coso Viejo, entre otros.