De Salares a las Llanadas de Sedella

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Hoy vamos a proponer una ruta por el Parque Natural de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama, con inicio en la localidad de Salares (540 m) y final en las Llanadas de Sedella (1.630 m).

Esta ruta, con un recorrido de 9 Km y una duración aproximada de 3,5 horas (solo ida), presenta un desnivel de 1.090 m., resultando adecuada para aquellas personas que de forma habitual practiquen deporte.

Nosotros, hemos quedado en Torre del Mar muy temprano para disfrutar del amanecer y parar a desayunar en Sayalonga un bocadillo de buen jamón y otro de lomo. A continuación, nos hemos dirigido a Salares y hemos aparcado delante de Los Arcos, restaurante en el que terminaremos la jornada con un excelente potaje de hinojos.

Desde este punto, por sus estrechas y bien cuidadas calles hemos cruzado el pueblo de Salares hasta alcanzar la parte alta, llegando al colegio, inicio del sendero que enlaza con el carril de la Cruz del Muerto. En este carril podemos observar varias eras que en otros tiempos tuvieron un uso agrícola y que aún permanecen en buen estado de conservación. Nos encontramos atravesando El Encinar, que en estas fechas nos ofrece unas bellotas tamaño XL.

Después de 40 minutos de marcha alcanzamos el carril o pista que une Salares con Canillas de Albaida, pasando por Puerto Blanquillo, encontrándose señalizado en su primer tramo como sendero GR-242 (La Gran Senda de Málaga). Nosotros permanecemos en el carril principal ignorando desvíos a derecha e izquierda, incluso el del sendero GR-242, hasta alcanzar el conocido como “Puente blanco y verde”, tras otros 20 minutos de marcha por esta zona. .

Desde este puente, orientados montaña arriba, tomamos un estrecho sendero que sale a nuestra derecha, dejándonos el río Salares a nuestra izquierda, por el que ascendemos disfrutando de las vistas y la vegetación (jara blanca, romero, tomillo, etc., y cantidad de suculentos níscalos). También tenemos la oportunidad de divisar algunos ejemplares de cabra montés. En ocasiones se observan halcones, águilas, buitres y otras aves de envergadura.

Ya hemos alcanzado el lecho del río para pronto abandonarlo, debiendo permanecer atentos a no perder nuestro sendero en este tramo debido a la caída de hojas en la época de otoño.

Tras 1 hora y 15 minutos de marcha por este sendero hemos alcanzado el cortafuegos, es el momento de ascender un corto tramo del mismo para alcanzar el carril que siempre en ascenso y sin pérdida nos llevará a las Llanadas de Sedella, en otra hora y cuarto. Este carril de acceso al antiguo vivero del ICONA tiene su inicio en la pista principal que pasa por el “Puente blanco y verde”, en un desvío a la izquierda un poco más adelante.

Alcanzado nuestro objetivo, las Llanadas de Sedella (1.630 m.), es el momento de disfrutar del entorno en el que nos encontramos y del paisaje que vemos. Se trata de un terreno prácticamente llano, de ahí su nombre, de grandes dimensiones y con escaso matorral, en el que es fácil encontrar pastando ganado suelto (cabras malagueñas, caballos y vacas). Al fondo, nos encontramos con un cartel informativo del sendero de subida a la Maroma que pasa por la Tacita de Plata. En los días claros se puede divisar Sierra Nevada, la costa e incluso la cordillera marroquí del Rif.

Ahora llega el momento de descansar y recuperar fuerzas y lo hacemos sacando de la mochila unos embutidos, un pan cateto y una botella de vino, todo con “Sabor a Málaga”. Salud!!

Para regresar disponemos de varias opciones. Podemos volver sobre nuestros pasos, hacer el descenso íntegramente por el carril del vivero o bajar por la loma de Cuascuadra hacia el cortijo Picaricos (a 30 minutos) y desde ahí continuar bajando por la misma loma hasta alcanzar la acequia de Meniscalera y seguirla hasta Salares.

Citada la loma de Cuascuadra y como dato de interés, o al menos resulta curioso, contaba nuestro amigo el cabrero de Salares, que el nombre se lo dio precisamente a la loma una casa con cuadra (casacuadra) que allí se encontraba. Parece que con el tiempo y el arte andaluz la “cahacuadra” derivó en “cuhacuadra” y, después, debió llegar uno que hablaba más fino que escribió “Cuascuadra”. Menudo e interesante trabalenguas, aunque parece creíble!!