Doce lugares rurales para perderse en Málaga

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Además de sus 103 pueblos, Málaga cuenta con numerosas otras poblaciones que sin llegar a tener esa entidad se ofrecen como lugares para desconectar y relajarse. En algunos casos, son pedanías, otras son aldeas y otros diseminados rurales, pero, todos tienen en común un indudable encanto rural.

  1. Mondrón (Periana). Esta aldea es una de las más emblemáticas de la Alta Axarquía. Su nombre se relaciona desde hace muchas décadas con el aceite de oliva virgen extra de la variedad verdial que se produce en la almazara de San José Artesano, donde se puede comprar este ‘oro líquido’ al mismo tiempo que se visita un pequeño museo temático. Más emociones aguardan en el interior de la aldea, donde se encuentra uno de los restaurantes emblemáticos de la comarca, el Bar Cuenca, famoso por su cocina sencilla, pero contundente.
  2. El Acebuchal (Frigiliana). El valor ecológico es el potencial de El Acebuchal, una aldea situada entre los territorios de Cómpeta y de Frigiliana que ha pasado en los últimos años de estar deshabitada a ser todo un emblema en el turismo verde. De hecho, desde este núcleo de población arrancan algunas de las rutas de senderismo más trepidantes de la sierra de Almijara, espacio protegido como parque natural, junto a la sierra de Tejeda y parte de la de Alhama. Esta aldea fue despoblada antes de los años cincuenta, pero después de casi una década de reconstrucción, en 2.005 pasó a ser un buen punto de partida para conocer las vertiginosas montañas de esta zona.
  3. Gibralgalia (Cártama). Especialmente paradójico es el caso de la aldea de Sierra de Gibralgalia, situada sobre un cerro en la zona norte del término municipal cartameño, pero mucho más próximo al pueblo vecino de Pizarra. Este diseminado está enlazado a Cártama a través de un alargado apéndice que discurre por el Valle del Guadalhorce. Esta peculiaridad podría ser un legado de la época medieval. Allí, además de la capilla de la Asunción merece la pena disfrutar de las vistas del entorno.
  4. Benagalbón (Rincón de la Victoria). A pocos kilómetros de la costa mediterránea se encuentra Benagalbón, un coqueto núcleo urbano de Rincón de la Victoria fue en su día el germen de ese municipio. De hecho, allí se encontraba hasta hace algunas décadas su ayuntamiento. Actualmente, es un pueblo tranquilo, con muchas calles llenas del encanto típico de los pueblos blancos de la Axarquía. Aunque está vinculado históricamente a la producción de pasa moscatel, sobresale especialmente su almazara, donde todavía se muele con molino de piedra aceite de oliva como se ha hecho durante siglos. También en el núcleo urbano se puede visitar un museo etnográfico.
  5. Maro (Nerja). Esta coqueta población es para muchos el pueblo perfecto. Se trata de un conjunto de casas blancas, relativamente elevado, que mira hacia el Mediterráneo. Su cercanía al paraje natural de acantilados que lleva su nombre y la famosa Cueva de Nerja son otros alicientes para visitar esta coqueta villa, donde todavía hoy se conservan algunos restos de un ingenio donde se molturaba la caña para extraer azúcar. Desde la propia aldea se puede dar un paseo para disfrutar de la belleza de una de las calas de los Acantilados de Maro.

    Jorox, en Alozaina.
  6. Jorox (Alozaina). En la comarca de la Sierra de las Nieves se conserva una las aldeas con más encanto de la provincia de Málaga. Situada en el término municipal de Alozaina, pero cerca también de Yunquera, este pequeño diseminado rural está situado junto al río Jorox. Desde hace siglos, allí se aprovechan sus aguas para el regadío. El riachuelo ofrece a su paso un bello paisaje natural, lo que hace las delicias de los senderistas e incluso las de aquellos que practican el barranquismo. Sin abandonar el territorio de Alozaina en el río Grande lugares que resultan realmente insólitos, como la cascada que ese forma muy cerca del Molino del Rey.
  7. Estación de Benaoján. Esta pequeña población situada junto al río Guadiaro tiene un origen ferroviario. De hecho, cada mes de julio se celebra allí la Verbena del Tren. Entre los afluentes que se unen al Guadiaro en esta zona, hay que destacar un arroyo que atraviesa el pequeño núcleo urbano de la Estación de Benaoján. Aunque se trata de una aldea con poca historia, es recomendable visitar la zona del arroyo más próxima a un antiguo molino que actualmente da nombre a un hotel. Desde la terraza de este establecimiento se puede ver una bonita zona de pequeñas cascadas.
  8. Villanueva de Cauche (Antequera). Muy cerca de Casabermeja se encuentra la aldea de Villanueva de Cauche, adscrita a la ciudad de Antequera. Este pequeño núcleo urbano fue hasta hace tan sólo unas décadas el último feudo de España, ya que todas las propiedades del casco urbano pertenecían al Marquesado de Cauche desde el siglo XVII. En su interior, todavía hoy se conserva tanto el palacio de esta familia noble como la iglesia que era también de su propiedad. Hasta hace tan sólo algunas sus vecinos pagaban simbólicamente a las marquesas propietarias de sus inmuebles con productos agropecuarios, como frutas, verduras, huevos y gallinas.
  9. Benaque (Macharaviaya). Entre otras motivaciones para visitar esta tranquila aldea de Macharviaya, está la de visitar la que fue la casa del poeta Salvador Rueda, nacido allí de 1857. Allí se mantiene todavía lo que fue su humilde hogar, que se puede visitar si se avisa previamente en el Ayuntamiento. Además, merece la pena entrar en la iglesia de la Nuestra Señora de la Encarnación, donde sorprenderán las valiosas pinturas halladas en sus muros interiores. El templo no es el típico cubierto de cal, lo cual le otorga un encanto especial.
  10. El Chorro (Álora). Este núcleo de población tiene también un origen ferroviario. Eso sí, hoy es más conocido por su proximidad al paraje natural del Desfiladero de los Gaitanes y al Caminito del Rey. De hecho, desde esta aldea se disfruta de una bonita perspectiva de la gran garganta caliza y del pantano, que embalsa las aguas del Guadalhorce formando un paisaje único en la provincia de Málaga. En los últimos años, se ha convertido en un lugar muy frecuentado por los aficionados a la escalada, ya que en su entorno, la sierra de Huma, aguardan numerosas posibilidades para disfrutar de esta práctica deportiva.
  11. Corumbela (Sayalonga). Esta aldea, que se encuentra muy cerca del pueblo de Árchez pertenece, sin embargo, a la localidad de Sayalonga. Su peculiar nombre podría estar relacionado con la denominación que le otorgaron los romanos, con un vocablo que significaría paloma. Lo que sí es evidente es el legado andalusí de esta coqueta aldea, que tiene inmejorables vistas al valle del río Turvilla. Durante muchos años permaneció oculto bajo la cal el minarete usado como torre de la iglesia de San Pedro, que, a su vez, fue levantado sobre una anterior mezquita.
  12. Daimalos (Arenas). Al igual que Corumbela, de la que dista apenas siete kilómetros, esta aldea cuenta con un alminar árabe que hace las veces de torre campanario de su iglesia del Santo Cristo de la Salud. A ese legado andalusí hay que unir una fuente de origen árabe, que cuenta incluso con su propia leyenda. A todo ello hay que sumar las vistas al castillo de Bentomiz, del que quedan pocos restos, y el sosiego que se respira durante todo el año.