Ojén, entre el Mediterráneo y la Sierra de las Nieves

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Ojén se asienta en la ladera de las sierras Blanca y Alpujata, desde donde observa tranquilo el horizonte mediterráneo. Allí se conjugan elementos como el blanco intenso de las casas escrupulosamente encaladas y las coloridas flores que salpican sus fachadas. Una plaza peatonal, pensada para el disfrute de vecinos y visitantes, un interesante complejo etnográfico y sus cuevas, que albergan en ocasiones eventos culturales y recreativos, son los principales atractivos de su casco urbano.

Esta villa, situada apenas a siete kilómetros de las concurridas playas de Marbella está en contacto directo con el macizo que forma parte del Parque Natural de la Sierra de las Nieves. Esa ubicación, con vistas privilegiadas al Mediterráneo, lo convierte en uno de los pueblos más bonitos de la Costa del Sol. A eso hay que añadir, claro está, su cuidado casco urbano, donde sobresale especialmente su plaza de Andalucía, el verdadero corazón del pueblo, donde se erigió la parroquia principal del pueblo, la iglesia de la Encarnación, que data de principios del siglo XVI.

Junto al templo se puede ver uno de los hitos de la localidad, la Fuente de los Chorros, donde cinco caños manan todo el año con fuerza desde principios del siglo pasado después de recorrer antiguas acequias árabes. Junto a la fontana un letrero recuerda al visitante que el agua es el símbolo con el que más se identifica, gracias a la riqueza hídrica que le proporciona el complejo montañoso que deja a sus espaldas.

El núcleo urbano de Ojén es una amalgama de casas blancas y tejados árabes, donde abundan las coloridas macetas con las que los vecinos del municipio mantienen la identidad de típico pueblo blanco andaluz. Dando un paseo por sus calles, se alcanza a encontrar las famosas cuevas de Ojén, que antaño servían como refugio para el ganado e incluso como viviendas. Ahora, estas cavidades han sido restauradas y preparadas para el disfruto de vecinos y foráneos. Estas cuevas se encuentran tanto en la zona más alta del casco urbano como justo debajo de él. Estas últimas han sido rehabilitadas para su uso cultural. Cuando más aprieta el calor, estas cuevas se convierten en un verdadero refrigerio natural.

El agua es un elemento importante en el pueblo. De hecho, no muy lejos del casco urbano, se encuentra lo que hasta hace pocos años era la piscina de los ojenetos, el Charco de las Viñas. Se trata de una poza de aguas cristalinas del arroyo Tejar, afluente del río Real. La zona está adecentada y bien comunicada con el pueblo, ya que se encuentra a escasos metros del cementerio. Pese a ello, para llegar hasta allí hay que bajar una fuerte pendiente.

En el casco urbano de Ojén también se puede visitar una antigua almazara, convertida hoy en el Museo del Molino del Aceite, que a su vez incluye en su interior al Museo del Aguardiente. Cabe recordar que el nombre de Ojén no sólo se corresponde con esta localidad sino también con un aguardiente mítico cuya receta original se perdió. Se trataba de un aguardiente famoso dentro y fuera de las fronteras nacionales. Picasso llegó a pintar una de sus botellas en el cuadro “Bodegón español”. También aparece en obras literarias de autores como Rosalía de Castro y Camilo José Cela.

En el pueblo también son de obligada visita sus cuevas, abrigos naturales que durante milenios han servido de refugio del ganado o para el almacenaje de determinados productos del campo. Estas cuevas se encuentran tanto en la zona más alta del casco urbano como justo debajo de él. Estas últimas han sido rehabilitadas para su uso cultural.

Entre las sierras Blanca y Canucha, que conforman uno de los límites naturales que hay entre la Costa del Sol y la Sierra de las Nieves, se sitúa el paraje de El Juanar, al norte del pueblo de Ojén. Se trata de uno de los enclaves montañosos más interesantes de la provincia, gracias no sólo a su irregular y abrupta orografía, sino también a su

Precisamente, desde allí parten algunas rutas de senderismo que sirven para mostrar la riqueza natural de este enclave montañoso. Uno de los itinerarios más recomendables es el del Puerto del Pozuelo, ya que se trata de un recorrido circular, que apenas alcanza los seis kilómetros y que no tiene especial dificultad. Sin embargo, este camino muestra buena parte de la riqueza vegetal que atesora esta zona de montaña, que para muchos es digna de ser protegida como paraje natural. Enebros, encinas y otras especies de la flora mediterránea, como el palmito, acompañan al caminante a través de los primeros metros de esta ruta, hasta llegar a la Fuente del Pozuelo, donde manan las tranquilas aguas que se filtran desde la sierra.

Otros itinerarios recomendables que salen de El Juanar son la subida al pico de la Concha o el itinerario que lleva hasta la localidad vecina de Istán. Todos estos senderos hacen entender el gran baluarte ecológico que representa este territorio, que limita con la Costa del Sol.

Además de su interesante vegetación, hay que tener en cuenta su alto valor faunístico, con la presencia de mamíferos como la cabra montés o el corzo. Todo ello, a escasa distancia del bullicio de Marbella, que se puede contemplar perfectamente desde el mirador situado a escasos metros del hotel El Refugio.

CÓMO LLEGAR

Para llegar al pueblo de Ojén  hay que desviarse desde la Autovía del Mediterráneo en dirección a Algeciras hasta llegar a la altura de Marbella (tras pasar el centro comercial La Cañada). A través de una cómoda carretera se llega al desvío indicado para el pueblo. Si se quiere llegar al Juanar, no es necesario desviarse sino seguir el sentido hacia Monda y Coín.

QUÉ COMER

Este coqueto pueblo cuenta con varios establecimientos de calidad para tapear o tomar un almuerzo contundente, tanto en su zona alta como en el entorno de la plaza de Andalucía. Además de recetas que tienen influencias del interior (Sierra de las Nieves y Valle del Guadalhorce), también hay algunas del litoral, ya que el pueblo se encuentra a un paso de Marbella. En Ojén todavía se conserva la costumbre de servir, si así se pide, churros para mojar en agua y sal. En esta misma villa se ha recuperado la tradición del aguardiente que un día hizo famoso al pueblo con una singular versión elaborada con un toque de chumbo. También se pueden encontrar pasas conservadas en aguardiente.

DÓNDE DORMIR

Además del antes citado hotel El Refugio del Juanar, que en su día fue incluso parador, se puede optar por varios alojamientos rurales tanto dentro como fuera del casco urbano. Entre ellos, se encuentra la Posada del Ángel, que tiene su acceso por una calle que desemboca en la emblemática plaza de Andalucía. A pesar de su ubicación, se trata de un hotel muy tranquilo que ofrece mucha comodidad y relajación a sus huéspedes.